Estadística · RadiografIA 0.1.0
Frases cortas
est-frases-cortas
Muchas frases para tan pocas palabras, comparado con textos de personas del mismo tipo y longitud.
Qué hacer
Junta las frases que dependen unas de otras: una idea y su causa, o su consecuencia, caben en una sola frase.
Explicación
Muchas frases para tan pocas palabras: cuenta las frases por cada 100 palabras de prosa y dispara si tu texto queda por encima del percentil 95. Se compara con los textos humanos de tu género y longitud: los percentiles de la calibración (AnCora, BOE, Gutenberg, CSIC y MuchoCine, por tramos de 100-299, 300-599 y 600 o más palabras de prosa); con «general», el género por defecto, la mezcla de los cinco. Medido en español: los modelos escriben más oraciones por texto y usan más puntos que los humanos («el único rasgo sintáctico relevante parece ser la proporción de oraciones en los textos»; ROBOT-TALK, Alonso Simón et al. 2025, con GPT-3.5 y GPT-4). El estudio publica niveles de significación, no cifras: el corte no sale de la literatura, sale de la calibración. No demuestra quién escribió el texto: por construcción, 1 de cada 20 textos humanos de tu género y longitud queda más allá de ese corte.
Excepciones
- Narrativa: el diálogo hace frases cortas. En la narrativa clásica la mediana es 5,8 frases por 100 palabras en 300-599, frente a 3,2 en la prensa; con el género «narrativa-clasica», el corte es el suyo (11,4).
- Textos administrativos con títulos, artículos y apartados: en el BOE de 100 a 299 palabras la mediana es 7,1 y el percentil 95, 25,1. «general» los incluye, y por eso su corte en ese tramo es alto (20,3): con «general», una noticia corta casi nunca dispara.
- Las frases son las de Intl.Segmenter: parte tras «Sr.» y otras abreviaturas, y en «...», pero no en «…». Un texto con muchas abreviaturas cuenta frases de más.
- Falso positivo conocido, sin arreglo en la v1 (parada 2 del 5.6): las tablas pasadas a texto (cada fila cuenta como una frase sin signos), los párrafos numerados («1. …»), que CommonMark trata como lista y no como prosa, y los títulos sin punto entre párrafos. En la validación del 5.6 aparecieron en anuncios del BOE con tablas, en un capítulo de «Fray Gerundio» y en reseñas del CSIC.
- Sin calibración: si tu género no tiene celda para la longitud del texto (la narrativa clásica de 100 a 299 palabras: 65 capítulos, menos de los 100 que exige una celda), la regla no se evalúa y el análisis lo dice.
- De 100 a 299 palabras de prosa el resultado es poco fiable (umbral firmado el 29/09): las métricas de frase y de vocabulario se mueven mucho en textos cortos.
Datos de la regla
- Paquete:
- RadiografIA 0.1.0. Reglas que señalan en un texto en español los rasgos de estilo que la investigación asocia a los textos generados con modelos de lenguaje. Cada regla dice de dónde sale y con qué nivel de evidencia. Analiza estilo; no demuestra autoría.
- Detector:
- estadístico
- Peso:
- 3
- Severidad:
- baja
- Nivel de evidencia:
- medido en español
- Origen de la lista:
- sin dato
Cómo busca
- Métrica:
frases-por-100-palabras- Dispara:
- por encima de la banda humana
- Banda humana:
- entre los percentiles 5 y 95 de los textos humanos de su género y longitud
Fuentes
- Alonso Simón, Fernández-Pampillón, Fernández Trinidad y Márquez Cruz (2025), ROBOT-TALK, RAEL 23, doi 10.58859/rael.v23i1.666: 180 textos en español, 60 humanos, 60 de GPT-3.5 y 60 de GPT-4 (PDF leído; publica niveles de significación, no medias)(enlace externo)
- UCM, IberLEF 2023 (AuTexTification): encuesta cualitativa a lingüistas sobre textos en español; «humans use more commas and comparatively fewer periods»(enlace externo)
Ejemplos en los que dispara
Esta regla mide el texto entero: en sus ejemplos no hay un tramo que marcar.
La productividad no es magia. Es un hábito. Y se puede entrenar. Empieza por lo básico. Ordena tu mesa. Apaga las notificaciones. Cierra las pestañas que no uses. Elige una tarea. Solo una. Ponle un tiempo. Veinticinco minutos bastan. Trabaja sin interrupciones. Después, descansa. Cinco minutos. Ni más ni menos. Repite el ciclo cuatro veces. Luego toma un descanso largo. Camina un poco. Bebe agua. Respira. El método funciona. Lo usan millones de personas. Estudiantes. Programadores. Escritores. Equipos enteros. No necesitas aplicaciones caras. Un reloj de cocina sirve. Tu móvil también. Lo importante es la constancia. Habrá días malos. Es normal. No te castigues. Ajusta el plan. Reduce la meta. Celebra lo que hiciste. Cada bloque cuenta. Cada minuto suma. Planifica la víspera. Escribe tres prioridades. No más de tres. Ponlas en orden. Empieza por la difícil. Es la que más pesa. Quítatela de encima. El resto del día será más ligero. Cuida tu energía. Duerme bien. Come a tus horas. Muévete. La mente necesita al cuerpo. Sin descanso no hay rendimiento. Sin rendimiento no hay resultados. Así de simple. Aprende a decir que no. No a las reuniones inútiles. No a los correos urgentes que no lo son. No a las distracciones disfrazadas de trabajo. Tu tiempo vale. Protégelo. Nadie lo hará por ti. Mide tu progreso. Anota cuántos bloques completas. Revisa la semana el viernes. Busca patrones. Detecta tus horas buenas. Aprovéchalas. Deja las tareas fáciles para la tarde. Así rendirás más con menos esfuerzo. Sé paciente. Los hábitos tardan en formarse. Unas semanas. A veces, meses. Pero llegan. Y cuando llegan, se quedan. Un día notarás el cambio. Terminarás antes. Te sentirás mejor. Tendrás tiempo para lo que importa. Empieza hoy. No mañana. Hoy. Elige la primera tarea. Pon el reloj en marcha. Concéntrate. No mires el móvil. Termina el bloque. Descansa. El resto vendrá solo. Tú puedes conseguirlo.
Una entrevista de trabajo se prepara. No se improvisa. Aquí tienes las claves. Investiga la empresa. Lee su web. Revisa sus redes. Busca noticias recientes. Conoce sus productos. Entiende a qué se dedica. Piensa en sus retos. Así podrás hablar con criterio. Estudia la oferta. Subraya los requisitos. Relaciónalos con tu experiencia. Prepara ejemplos concretos. Usa el método STAR. Situación. Tarea. Acción. Resultado. Cada ejemplo, en un minuto. Ni más ni menos. Ensaya las preguntas típicas. Háblame de ti. ¿Por qué quieres este puesto? ¿Cuál es tu mayor defecto? ¿Dónde te ves en cinco años? Responde en voz alta. Grábate si puedes. Escúchate después. Corrige lo que no te guste. Cuida la imagen. Elige ropa cómoda. Adecuada al sector. Limpia y planchada. Llega diez minutos antes. Ni antes ni después. Apaga el móvil. Saluda con una sonrisa. Mira a los ojos. Escucha con atención. Si la entrevista es por vídeo, prueba la conexión. Revisa la cámara. Comprueba el micrófono. Busca un fondo neutro. Ilumina tu cara. Evita los ruidos. Ten agua a mano. Ten tu currículum delante. Durante la conversación, sé tú mismo. Habla con calma. No interrumpas. Piensa antes de responder. Si no sabes algo, dilo. La honestidad suma. Las excusas restan. Muestra interés. Haz preguntas. Pregunta por el equipo. Pregunta por los objetivos. Pregunta por los siguientes pasos. Al terminar, da las gracias. Despídete con cortesía. Esa misma tarde, envía un correo breve. Agradece el tiempo. Recuerda tu interés. Añade algo que olvidaste decir. Sin exagerar. Sin presionar. Después, analiza la experiencia. ¿Qué salió bien? ¿Qué mejorarías? Apúntalo. Te servirá para la próxima. Porque habrá próxima. Siempre la hay. Recuerda algo importante. Una entrevista no es un examen. Es una conversación. Ellos te evalúan a ti. Tú también los evalúas a ellos. Busca un lugar donde quieras estar. Prepárate bien. Confía en ti. Y mucha suerte.
Ejemplos en los que no dispara
Llevo años oyendo que la productividad es cuestión de fuerza de voluntad, y cada vez estoy más convencida de que es sobre todo una cuestión de costumbre: lo que se repite a la misma hora, en el mismo sitio y con las mismas herramientas acaba saliendo casi sin pensarlo. Mi método es poco original. Antes de sentarme ordeno la mesa, silencio el teléfono y cierro las pestañas del navegador que no voy a usar, porque sé que si las dejo abiertas acabaré mirándolas. Después elijo una sola tarea y le pongo un tiempo, normalmente veinticinco minutos, que es lo que propone la técnica del tomate de cocina y lo que a mí me funciona. Cuando suena el reloj descanso cinco minutos, y cada cuatro vueltas me levanto, salgo al balcón o preparo un café con calma. No hace falta ninguna aplicación de pago. El primer año usé el temporizador del horno, que hace un ruido espantoso, y ahora uso el del móvil en modo avión, que al menos no despierta a los vecinos. Hay días en que nada sale, y he aprendido a no tomármelo como un fracaso personal. Si a media mañana veo que no llego, rebajo la meta, termino lo que puedo y apunto en una libreta qué me ha frenado, porque casi siempre es lo mismo: una reunión que se alargó, un correo que parecía urgente y no lo era, o simplemente que dormí mal. La víspera dejo escritas tres prioridades, nunca más, y empiezo por la que menos me apetece, que suele ser también la que más pesa. Quitármela de encima a primera hora cambia el humor del resto del día. Los viernes repaso la semana. Cuento los bloques que terminé, miro a qué horas rendí mejor y reparto la semana siguiente según eso: lo difícil por la mañana, el correo y las llamadas por la tarde. No es ninguna ciencia, pero después de unos meses noté que acababa antes y que me quedaba tiempo para leer, que era lo que de verdad quería recuperar.
La primera entrevista de trabajo que hice salió fatal, y no por falta de ganas sino porque llegué sin saber casi nada de la empresa, convencido de que bastaría con contar lo que había hecho en la carrera. A la tercera pregunta, cuando el jefe de equipo me pidió que le dijera qué me parecía su último producto, me quedé en blanco. Desde entonces me preparo de otra manera. Dedico una tarde a leer la web de la empresa, sus últimas noticias y lo que publican sus empleados, y con eso me hago una idea de a qué se dedican y de qué problemas tienen encima de la mesa. Después cojo la oferta, subrayo los requisitos y busco en mi experiencia un ejemplo concreto para cada uno, contado en un minuto: qué pasaba, qué me tocaba hacer, qué hice y cómo acabó. Las preguntas de siempre las ensayo en voz alta, a veces grabándome con el móvil, porque al escucharme descubro muletillas que no sabía que tenía. Lo de «mi mayor defecto es que soy demasiado perfeccionista» lo taché hace tiempo; ahora cuento un defecto de verdad y lo que hago para compensarlo, y noto que la gente lo agradece. Si la entrevista es por vídeo, pruebo la conexión, la cámara y el micrófono media hora antes, busco una pared lisa y pongo la lámpara delante y no detrás, que es el error más común. Si es en persona, llego con diez minutos de margen y apago el teléfono antes de entrar. Durante la conversación intento no correr. Si no sé algo, lo digo, y al final siempre pregunto por el equipo, por los objetivos del puesto y por los plazos del proceso. Esa misma tarde mando un correo corto para dar las gracias y, si se me olvidó contar algo importante, lo añado en dos líneas. Ninguna de estas cosas garantiza el puesto, claro, pero desde que las hago salgo de las entrevistas con la sensación de haber hablado de igual a igual, y eso ya es bastante.